Los Steelers jugarán por primera vez en Francia. Y aunque Pittsburgh no tiene una larga tradición de jugadores franceses, la historia de la franquicia guarda una conexión con Francia mucho más curiosa: John “Frenchy” Fuqua, uno de los protagonistas de la jugada que cambió para siempre la historia de los Steelers.
Hay muchas maneras de hablar de la llegada de los Pittsburgh Steelers a París. Podemos hablar de la expansión internacional de la NFL, del primer partido de temporada regular disputado en Francia, del Stade de France o de la enorme comunidad de aficionados que se prepara para recibir a Pittsburgh y a los New Orleans Saints el 25 de octubre de 2026. Pero en Cortina de Acero hemos encontrado una conexión bastante más especial, porque, aunque John Fuqua nunca nació en Francia, nunca jugó para la selección francesa y probablemente nunca imaginó que los Steelers acabarían disputando un partido oficial en París, durante sus años en Pittsburgh se convirtió en “Frenchy” Fuqua, el “French Count”, el Conde Francés. Y, por una de esas maravillosas casualidades que tiene la historia del deporte, aquel hombre apodado “el Conde Francés” acabaría siendo una de las figuras centrales de la jugada más importante de la historia de los Steelers, la Immaculate Reception, la jugada que lo cambió todo.
Un “francés” nacido en Detroit
John William Fuqua nació en Detroit, Michigan, y llegó a la NFL en 1969, cuando los New York Giants lo seleccionaron en la undécima ronda del Draft, con el número 273. Después de una temporada en Nueva York, su carrera dio un giro cuando fue traspasado a Pittsburgh en 1970, allí encontró un lugar importante en el ataque de los Steelers y se convirtió en uno de los corredores titulares del equipo. Durante sus siete temporadas en Pittsburgh acumuló más de 2.900 yardas terrestres y 21 touchdowns, además de superar las 1.200 yardas de recepción a lo largo de su carrera, pero las estadísticas explican solamente una parte de la historia, porque si hay algo que distinguía a Fuqua no era solamente su manera de correr, sino su manera de entrar en una habitación.
Fuqua tenía una personalidad absolutamente particular y una afición por la ropa extravagante que lo convirtió en uno de los personajes más reconocibles del vestuario de aquellos Steelers, capas, sombreros, botas, trajes llamativos y, en una de sus ocurrencias más famosas, zapatos con los tacones transparentes llenos de agua en los que nadaban peces. Sí, peces. La historia de aquellos zapatos parece sacada de una película, Fuqua recibió unos zapatos especialmente diseñados después de un evento de Dapper Dan en Pittsburgh y decidió convertirlos en otra parte de su particular personaje, aunque los peces que introducía en los tacones transparentes no duraban demasiado y la ocurrencia terminó provocando incluso que recibiera cartas de aficionados acusándolo de maltratar a los animales. Cuando llevó las cartas al responsable de relaciones públicas de los Steelers, Joe Gordon, la respuesta fue tan absurda como la situación: que siguiera haciéndolo.
La extravagancia se convirtió en parte del personaje y aquel personaje necesitaba un nombre. Fuqua se lo puso él mismo, The French Count, el Conde Francés, y desde entonces fue simplemente Frenchy. No era francés, pero durante años fue uno de los personajes más “franceses” que jamás hayan vestido el uniforme de los Steelers.
El hombre que no atrapó el pase más famoso
La ironía es que John “Frenchy” Fuqua pasaría a la historia por una recepción que no hizo. Era el 23 de diciembre de 1972, en el Three Rivers Stadium, durante un partido de playoffs entre los Pittsburgh Steelers y los Oakland Raiders. Los Steelers todavía no habían ganado un partido de playoffs en toda su historia moderna y parecían destinados a otra decepción, pero aquella tarde todo estaba a punto de cambiar. Quedaban apenas 22 segundos, Pittsburgh perdía 7-6 y necesitaba avanzar 40 yardas para tener una oportunidad de ganar el partido.
Terry Bradshaw recibió el balón, retrocedió y comenzó a buscar un receptor, la jugada estaba diseñada para que Fuqua corriera una ruta que pudiera abrir el campo y Bradshaw lanzó hacia él. Entonces ocurrió el choque, Fuqua y el safety de los Raiders, Jack Tatum, colisionaron justo cuando llegaba el balón, la pelota salió despedida y durante una fracción de segundo pareció que todo había terminado. Pero Franco Harris, el rookie que había comenzado la jugada ayudando en el bloqueo, había salido hacia la acción, vio el balón, corrió hacia él y lo atrapó antes de que tocara el suelo, después recorrió 60 yardas hasta la end zone. Touchdown, Pittsburgh 13, Oakland 7, el estadio explotó y los Steelers acababan de conseguir la primera victoria de playoffs de su historia.
Aquella jugada acabaría siendo bautizada como la Immaculate Reception y se convertiría en una de las jugadas más famosas de la historia del deporte estadounidense, pero en el centro de todo aquello estaba un hombre que nunca llegó a tocar oficialmente el balón, o quizá sí, y ahí empieza la leyenda.
¿La tocó Frenchy?
Más de medio siglo después, seguimos sin tener una respuesta definitiva. La pelota pudo haber golpeado primero a Jack Tatum o pudo haber tocado a John Fuqua, y la diferencia no era una cuestión menor, porque según las reglas vigentes en 1972, el balón no podía ser atrapado por otro jugador ofensivo después de tocar a un compañero si ningún defensor lo había tocado antes, por lo que determinar quién tuvo el primer contacto era fundamental para establecer si la recepción de Harris era legal.
Y ahí aparece otra de las grandes peculiaridades de Frenchy Fuqua, porque él asegura que sabe lo que ocurrió, pero nunca lo ha contado. Ni siquiera cuando le ofrecieron dinero por revelar el secreto. Durante décadas, periodistas, aficionados y compañeros han intentado arrancarle la respuesta, pero Fuqua mantiene el misterio y su explicación se ha convertido casi en un ritual. Lo que ocurrió aquel día, dice, fue simplemente… inmaculado.
Fuqua contó que solamente había revelado lo ocurrido a una persona, Art Rooney, fundador y propietario de los Steelers, y Rooney le pidió que mantuviera el secreto. “Frenchy, let it stay immaculate”, le habría dicho, que siguiera siendo inmaculado, y Fuqua decidió cumplir su promesa. Así que, más de cincuenta años después, el misterio continúa, aunque existe una persona que podría resolverlo definitivamente y esa persona es precisamente el hombre cuyo nombre aparece en todas las fotografías y relatos de aquella jugada sin llegar a aparecer en el marcador, John “Frenchy” Fuqua.
Frenchy y Franco
Hay algo todavía más bonito en esta historia, porque la Immaculate Reception no solamente unió para siempre a Fuqua con Franco Harris, también creó una amistad que duró décadas. Fuqua y Harris fueron compañeros durante cinco temporadas, desde la llegada de Harris a Pittsburgh en 1972 hasta la última temporada de Fuqua con los Steelers en 1976, y cada 23 de diciembre tenían una tradición muy particular: se llamaban.
No para felicitarse la Navidad, no para hablar de estadísticas, no para recordar quién había ganado o perdido, sino para celebrar el aniversario de aquella jugada. Happy Anniversary, se decían, recordando el instante que cambió sus vidas y, de alguna manera, también cambió la historia de la franquicia.
Franco Harris siempre reconoció la importancia de aquella jugada en la transformación de los Steelers. Antes de aquel momento, Pittsburgh era una franquicia con una historia bastante modesta, un equipo que había vivido durante años a la sombra de otras organizaciones de la NFL, pero después comenzó una de las grandes dinastías de la historia del fútbol americano, los Steelers ganarían cuatro Super Bowls en seis temporadas durante la década de los setenta y construirían una identidad que todavía hoy forma parte de la esencia de la franquicia. Y todo comenzó, simbólicamente, aquella tarde de diciembre.
El “Conde Francés” y la Steel City
Resulta curioso pensar en el personaje que era Fuqua dentro de aquel vestuario. Los Steelers de los setenta serían recordados por su defensa, por Chuck Noll, por Mean Joe Greene, Jack Lambert, Jack Ham, Mel Blount, Terry Bradshaw, Franco Harris y tantos otros, una colección de jugadores que acabarían formando una de las mayores dinastías de la historia de la NFL, y en medio de todos ellos estaba Frenchy, un running back de Detroit que podía aparecer vestido con una capa, un sombrero extravagante y unos zapatos con peces.
Pero detrás de aquella personalidad había también un jugador importante. En 1970, su primera temporada con Pittsburgh, Fuqua corrió para 691 yardas y siete touchdowns, en 1971 añadió 625 yardas y cuatro touchdowns y en 1972, el año de la Immaculate Reception, consiguió 665 yardas terrestres y otras 152 por recepción. No fue simplemente el hombre que estaba allí cuando Franco Harris atrapó aquel balón, fue un miembro de los primeros Steelers campeones, un jugador importante durante los años en los que la franquicia comenzó a transformarse y, sobre todo, uno de esos personajes que hacen que una época deportiva sea mucho más que una colección de resultados.
Y entonces apareció Francia
Ahora, más de medio siglo después, los Steelers van a jugar en Francia. El 25 de octubre de 2026, Pittsburgh se enfrentará a los New Orleans Saints en el Stade de France, en París, en el primer partido de temporada regular de la NFL disputado en territorio francés. Y los Saints llegan con una conexión evidente con Francia, porque Nueva Orleans forma parte de una región cuya historia está profundamente vinculada a Francia y a la cultura francófona, pero Pittsburgh también tiene una pequeña historia que contar, una historia que empieza en Detroit, pasa por Pittsburgh, se detiene en una tarde de diciembre de 1972 y acaba en un apodo: Frenchy.
John “Frenchy” Fuqua nunca jugó en Francia, probablemente jamás imaginó que algún día los Steelers disputarían un partido oficial en París, pero cuando Pittsburgh salte al césped del Stade de France habrá una curiosa figura de la historia de la franquicia que estará inevitablemente presente. El hombre que se hacía llamar The French Count, el corredor que vestía capas, el jugador que llevaba peces en los zapatos, el compañero de Franco Harris, el objetivo del pase de Terry Bradshaw, el hombre que chocó con Jack Tatum y el único que, si quisiera, podría resolver definitivamente uno de los grandes misterios de la historia de la NFL.
En París, los Steelers llevarán consigo una historia que comenzó mucho antes de que la NFL pensara siquiera en jugar en Francia. Una historia que demuestra que, a veces, las conexiones más interesantes no aparecen en un mapa, aparecen en un apodo.
Frenchy.
Y quizá no haya una manera más apropiada de llevar la historia de los Steelers a Francia.


Una última pregunta
El 25 de octubre, cuando los Steelers salten al césped del Stade de France, habrá miles de aficionados vestidos de negro y oro, aficionados franceses descubriendo por primera vez en directo a Pittsburgh, seguidores estadounidenses viajando hasta París y aficionados de los Steelers procedentes de toda Europa. Quizá alguno de ellos recuerde una historia que ocurrió 54 años antes, porque aquel día de 1972, cuando Terry Bradshaw lanzó el balón hacia John “Frenchy” Fuqua, nadie podía imaginar que aquella pelota terminaría cambiando para siempre la historia de los Pittsburgh Steelers.
Ni siquiera Fuqua.
Quizá por eso resulte tan apropiado que, cuando Pittsburgh juegue finalmente en Francia, la primera conexión que nos venga a la cabeza no sea la de un jugador nacido en París, sino la de un hombre nacido en Detroit, un hombre que se bautizó a sí mismo como el Conde Francés y que, desde aquella tarde de 1972, guarda para siempre uno de los secretos más famosos de la historia de los Steelers.
Frenchy sabe lo que pasó.
Y nunca nos lo contará.
Porque, como él mismo ha repetido durante décadas:
“Keep it immaculate.”
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