La filosofía de desarrollo a largo plazo de la familia Rooney con cada nuevo entrenador de los Pittsburgh Steelers es uno de los aspectos más atractivos del puesto
El carrusel de entrenadores está en pleno auge. Si ya de por sí esta época trae consigo expectación – principalmente por parte de aquellos aficionados privados de ver a sus equipos todavía en playoffs -, este año la “agencia libre” de entrenadores es más especial si cabe.
Normalmente, los proyectos cuya vacante se abre suelen estar en una situación paupérrima, con muchas y muy difíciles incógnitas por resolver. El puesto de quarterback, la renovación de la plantilla o la necesidad de cambiar la cultura de la franquicia. El pan de cada día para aquellos nuevos entrenadores que llegan a una franquicia en horas bajas.
No obstante, aunque es evidente que el banquillo de Bills y Ravens asegura uno de los últimos dos MVPs de la liga, entre los puestos que ofrecen mayores garantías para los postulados a Head Coach encontramos a nuestros queridos Pittsburgh Steelers. Y ello porque, aun siendo obviedad y objetivo de toda franquicia, el próximo entrenador acerero va a contar con una certeza clara: va a tener en sus manos un proyecto a largo plazo.
Un oasis en la tormenta
Es evidente que vivimos en una liga cada día más convulsa y en unos tiempos donde la máxima es “ganar ya y ahora”. Esto hace que muchos equipos vivan en un continuo espacio tiempo de caos y reconstrucción permanente. Con proyectos que empiezan y acaban en menos que canta un gallo, sin margen para la maduración.
Ello se ha traducido en que muchos entrenadores novatos estén al filo de la navaja desde su primer día en el puesto. Incluso hemos podido ver en los últimos años casos de Head Coaches despedidos en su primera temporada con un equipo. Pues bien, en este contexto, quienes han seguido la ruta alternativa de la paciencia han sido los Pittsburgh Steelers.
Y es que la ya innumerable veces repetida verdad de que los Steelers han tenido apenas 3 entrenadores desde 1969 – o lo que es lo mismo y por si sonase poco contundente, en los últimos 56 años – es signo inequívoco de esto. Los miembros de la familia Rooney, cuando han buscado un candidato para tomar las riendas de la franquicia, lo han hecho con la perspectiva de que dicha decisión fuese una apuesta para muchos años.
Esto permite de primeras a aquel que llegue a Pittsburgh hacerlo con el respaldo sólido de la propiedad para desarrollar su proyecto. Y no solo eso, hacerlo con la convicción de que entra en una franquicia cuya gerencia no se caracteriza por tomar decisiones precipitadas o impulsivas.
Por tanto, quien se haga con el puesto de Head Coach en el oeste de Pennsylvania se asegura poder dormir un pelín más tranquilo desde el primer día, lo que no es poco dada la dedicación que exige este deporte a dicho cargo.

Las pautas de los Rooney
Tal y como hemos venido analizando en CdA, se puede ver un patrón claro en la elección de Head Coach. Entrenadores jóvenes, de no más de 40 años, con un background defensivo y con un marcado carácter de líder.
A estos pues, habría que añadir el componente de estabilidad y largo plazo que caracteriza estas decisiones. Y es que, en caso de cumplir los plazos de sus predecesores, el entrenador que elija la franquicia puede estar al cargo de la misma la próxima década y media. Por esta razón, va a resultar fundamental cómo exponen los distintos candidatos sus planes de futuro para el equipo, pero no solo desde la parcela deportiva más inmediata.
Elementos tan cruciales como la cultura y los pilares de trabajo que se desean establecer juegan un papel crucial en lo que ya de por sí supone una apuesta para los equipos de la NFL. En el caso de Pittsburgh, además, la historia pesa, y mucho.
Y es que, no debe olvidarse tampoco que el que consiga el puesto tendrá que lidiar con un hecho importante: los tres anteriores Head Coaches fueron ganadores y competitivos los primeros años.

El hándicap de los predecesores
Con las estadísticas en la mano, se podría argumentar que esto no es del todo así. Que las primeras temporadas de Chuck Noll fueron complicadas en cuanto a resultados, especialmente las dos primeras. Pero el mérito de la etapa de Noll y su éxito no fue solo llevar a Steelers a luchar de manera perenne por el anillo tras casi 40 años de existencia sin conocer éxito alguno – solo habiendo participado y perdido en un partido de playoff en 1947 -. Fue la manera en que le dio la vuelta completamente a la franquicia y estableció la cultura que ha caracterizado desde entonces al equipo. 4 anillos en 6 años, innumerables leyendas forjadas bajo su ala y el ejemplo de éxito al que debe aspirar un entrenador de Pittsburgh.
«A life of frustration is inevitable for any coach whose main enjoyment is winning» – Chuck Noll
En el caso de Cowher, el equipo desde el primer año fue candidato a todo, entrando en playoffs de manera recurrente, llegando a una Superbowl a mediados de los 90 y ganando el anillo como culmen a su carrera con los Steelers en la Superbowl LX.
Tomlin cogió mucho del equipo que dejó Cowher, pero eso no le quita mérito alguno a su legado. En el segundo año en el cargo llevó a la franquicia a ganar el anilló, llegó a otra Superbowl y todos y cada uno de los años bajo su mandato, el equipo ha terminado con récord positvio.
Es evidente por tanto que esa estabilidad ha venido favorecida también por los buenos resultados dentro del campo, lo que, sin duda, ha permitido la longevidad de los proyectos. Quien recoja el testigo de los antecesores será juzgado y se le exigirá lo mismo que a estos, por lo que cualquier triunfo temprano favorecerá su estancia en la ciudad de los tres ríos.

El heredero del acero y sus incógnitas
Acostumbrados a épocas de grandes éxitos y estabilidad, los aficionados de los Steelers afrontamos esta nueva elección de Head Coach con una intriga adicional a la que ya de por sí conlleva un cambio en la dirección de la plantilla.
Preguntas optimistas, como por ejemplo, si el nuevo Head Coach podrá conseguir lo mismo que sus predecesores, si se mantendrá en el cargo durante un periodo similar, o si su elección estará condicionada por las mismas características que definían a estos.
Pero también surgen preguntas no tan optimistas, como si será capaz de impregnar al equipo de ese nuevo aire necesario, si podrá traer una innovación en el plano táctico de acuerdo con las nuevas tendencias de la liga o, la que puede ser más crucial, saber cómo actuarán los Steelers si las cosas se tuercen: ¿tendrán los Steelers la suficiente madurez para asumir a tiempo sus errores, como parece ha costado en esta última etapa con Mike Tomlin?
Solo nos queda sentarnos en el sofá y estar pendientes. Y de paso, no dejéis de ver a los que siguen luchando por el Lombardi, que en nada estamos sin football otra vez. A disfrutar de nuestro particular cónclave.

























































































































