Hay muchas formas de celebrar que tu equipo acaba de ganar la Super Bowl. Puedes abrazarte con tus amigos, beberte hasta el agua de los floreros, saltar al campo, intentar llevarte una camiseta o, si eres un aficionado de los Pittsburgh Steelers en 1979, puedes hacer algo bastante más ambicioso: colarte en el vestuario de los campeones, quitarte la ropa y meterte en la ducha con ellos. Y no, esto no es una de esas historias que circulan por internet acompañadas de un «fuentes: créeme, hermano». La historia la contó en su día Steve Sabol, el legendario cofundador de NFL Films, que fue uno de los primeros en llegar al vestuario con su cámara y vio al protagonista con sus propios ojos.
Estamos en el 21 de enero de 1979, después de la Super Bowl XIII. Los Steelers acaban de derrotar a los Dallas Cowboys por 35-31 en el Orange Bowl de Miami y han conquistado su tercer Lombardi en apenas cinco años. El vestuario está a punto de convertirse en un absoluto manicomio. Jugadores celebrando, gritos, cerveza, champán y toda la locura habitual. Pero antes de que aquello se llenara de gente, Steve Sabol entra con su cámara y se encuentra con algo surrealista: un tío desnudo que no debería estar allí. No era jugador, ni entrenador, ni del staff, ya que Sabol conocía a todos perfectamente. Era simplemente un aficionado que había conseguido atravesar toda la seguridad para plantarse en el vestuario de los campeones.
Pero lo mejor es que el tipo no se limita a mirar desde una esquina. No. Está en la ducha. Y no está en la ducha solo. Sabol lo ve allí junto a algunos de los nombres más míticos de aquellos Steelers, entre ellos “Mean” Joe Greene, Jack Lambert y Dwight White. Uno puede imaginar la conversación: «Hola, ¿qué tal? Gran partido. Por cierto, no nos conocemos de nada, pero me voy a duchar con vosotros». Y lo más desconcertante es que, aparentemente, nadie le echa. Allí está el fulano, disfrutando de la experiencia completa, como si acabara de pagar la entrada premium de la Steelers Nation Experience.
Sabol tiene además un problema práctico: hay tanto vapor que tiene que estar limpiando continuamente el objetivo de la cámara. Y cada vez que levanta la cabeza vuelve a encontrarse con el mismo individuo. Un desconocido completamente desnudo, metido en las duchas con los campeones de la NFL. Y aquí es donde la historia empieza a entrar directamente en territorio de comedia.
Porque después de la ducha, el tipo sale tranquilamente y empieza a vestirse junto a las taquillas. Sabol está hablando con Joe Greene y, lógicamente, decide preguntarle quién coño es aquel hombre. La respuesta de Greene es probablemente una de las mejores partes de toda la historia: tampoco sabe quién es. Es decir, tienes a un tío que ha conseguido entrar en el vestuario de los Steelers después de ganar la Super Bowl, se ha duchado contigo y varios de tus compañeros y ahora se está vistiendo delante de las taquillas, y ni siquiera uno de los líderes del equipo sabe cómo ha llegado allí.
El puto amo.
Pero espera, porque todavía queda la mejor jugada. El misterioso personaje se empieza a vestir junto a las taquillas y, en ese momento, aparecen tres periodistas que empiezan a entrevistarlo. ¿Por qué? Porque creen que es un jugador de los Steelers. Y nuestro hombre, lejos de levantar la mano y decir «perdón, pero creo que os estáis confundiendo de persona», decide seguir adelante con el asunto y responde a las preguntas. Hay un pequeño problema: no se parecía precisamente al jugador que supuestamente era. Steve Sabol contó que los periodistas creyeron que aquel hombre era Larry Brown, el corredor de los Steelers. Brown era un jugador afroamericano de alrededor de 1,93 metros y más de 110 kilos, mientras que el individuo en cuestión era un hombre blanco, pequeño y con entradas. Digamos que la elección de identidad no fue precisamente la más discreta de la historia.
Finalmente, los periodistas descubrieron el pastel. Pero aquí viene lo verdaderamente glorioso: no sabemos que al tipo le pasara absolutamente nada. No hay detención, no hay seguridad abalanzándose sobre él, no hay interrogatorio. Simplemente terminó de vestirse y salió del vestuario. Como quien ha terminado de ducharse en el gimnasio y se marcha a casa. Solo que él acababa de colarse en el vestuario de los campeones de la Super Bowl, ducharse con Joe Greene, Jack Lambert y Dwight White y hacerse pasar durante unos minutos por un jugador delante de varios periodistas.
Durante décadas, Steve Sabol contó la anécdota como la historia del intruso anónimo más audaz de la NFL. Nadie sabía quién era y sonaba a leyenda urbana… hasta que el tiempo puso nombre y apellidos al mito: Rick Steigerwald.
Y cuando aparece Rick, la historia se vuelve todavía más increíble, porque resulta que aquello no fue exactamente una locura aislada. Steigerwald y sus hermanos llevaban años haciendo algo parecido en Pittsburgh: colarse en los partidos de los Steelers. El Three Rivers Stadium era prácticamente su territorio de caza y encontrar la manera de entrar sin pagar se había convertido en una especie de tradición familiar. Rick conocía las instalaciones, sabía buscar oportunidades y, sobre todo, tenía una confianza en sí mismo bastante considerable. La Super Bowl XIII era simplemente el escenario más grande en el que había intentado poner en práctica sus habilidades.
El problema era que esta vez no estaba en Pittsburgh. Estaba en Miami, en la Super Bowl, y los controles de seguridad eran evidentemente mucho mayores. Pero Rick consiguió entrar en el Orange Bowl. Y cuando los Steelers derrotaron a los Cowboys, en lugar de darse por satisfecho con haber visto el partido, decidió intentar llegar todavía más lejos. Consiguió acceder al vestuario y allí hizo algo que probablemente ni él mismo había planeado cuando salió de Pittsburgh: se quitó la ropa y se mezcló con los jugadores.
La estrategia era tan absurda que acabó funcionando. En un vestuario lleno de hombres celebrando, un individuo desnudo no parecía despertar inmediatamente las sospechas que debería. Rick consiguió llegar hasta las duchas y allí coincidió con algunos de los grandes protagonistas de aquella generación de los Steelers. Joe Greene, Jack Lambert y Dwight White estaban allí. Y mientras ellos celebraban haber ganado su tercer campeonato en cinco años, un aficionado completamente desconocido estaba disfrutando de la misma ducha.
Y es aquí donde aparece un pequeño detalle que hace que la historia sea todavía más divertida. Steve Sabol siempre contó que los periodistas confundieron a Rick con Larry Brown. Pero el propio Rick Steigerwald, cuando años después relató aquel episodio, dio otro nombre: Rick Moser. Según Steigerwald, fue Moser el jugador cuya identidad utilizó cuando aquellos periodistas empezaron a hacerle preguntas. Tenemos, por tanto, dos versiones de la misma escena separadas por décadas: la de Sabol, que lo recuerda como Larry Brown, y la del propio protagonista, que asegura que se hizo pasar por Rick Moser. No hace falta decidir cuál de los dos recuerdos es correcto para disfrutar de la escena: lo extraordinario es que un aficionado que acababa de ducharse con los campeones consiguió que varios periodistas lo confundieran con un jugador y, en lugar de corregirlos, decidió seguirles el juego.
Pero la historia de Rick Steigerwald no termina aquella noche. De hecho, cuando empiezas a investigar quién era aquel hombre, descubres que la Super Bowl XIII fue solamente la anécdota más surrealista de una vida bastante peculiar. Steigerwald trabajó durante 39 años como steamfitter, un oficio especializado relacionado con sistemas de tuberías y equipos industriales, y paralelamente desarrolló una larga trayectoria en el mundo del boxeo. Fue campeón de los Golden Gloves en tres ocasiones y posteriormente ejerció como entrenador, juez y árbitro, hasta llegar a ocupar el cargo de comisionado de boxeo de Pensilvania. Décadas después de aquella noche en Miami, su trayectoria en el boxeo acabaría llevándole incluso al Pennsylvania Boxing Hall of Fame.
Pero durante mucho tiempo nadie conocía el nombre del famoso intruso del vestuario de los Steelers. La historia sobrevivió gracias al relato de Steve Sabol, que la contó como una de esas anécdotas increíbles que había presenciado personalmente trabajando para NFL Films. Hasta que Rick Steigerwald apareció para contar su versión. Y no llegó solo: el exjugador de los Steelers Jack Deloplaine también terminó corroborando que aquella historia había ocurrido realmente.
De repente, aquel personaje anónimo tenía nombre, profesión, familia y una vida detrás de la aventura. Rick no era un invento, ni una leyenda urbana, ni un personaje creado años después para adornar una vieja historia. Era un aficionado de Pittsburgh que había llevado su pasión por los Steelers hasta un nivel difícilmente superable.
Y la historia todavía tendría una segunda vida. La increíble aventura de Steigerwald terminó inspirando un episodio de la serie televisiva True Story with Ed & Randall, en el que se recrea su historia y aparece incluso Terry Bradshaw interpretándose a sí mismo. Décadas después de aquella noche en el Orange Bowl, aquella vieja historia de un aficionado que se coló en el vestuario de los campeones había pasado de ser una anécdota contada por Steve Sabol a convertirse en material para televisión.
En 2025, además, la historia volvió a ponerse de actualidad gracias al podcast Snap Judgment, que dedicó un episodio completo a Steigerwald titulado Super Bowl Rick. El protagonista volvió a contar su versión de los acontecimientos y la historia recuperó de nuevo la atención que había tenido originalmente en Pittsburgh. Casi medio siglo después, aquel desconocido que se había colado en las duchas de los Steelers seguía contando la misma aventura.
Después de ver a su equipo ganar la Super Bowl XIII, consiguió atravesar la seguridad del Orange Bowl, entrar en el vestuario de los campeones, quitarse la ropa, meterse en la ducha con Joe Greene, Jack Lambert y Dwight White y, para rematar la noche, hacerse pasar durante unos minutos por un jugador ante varios periodistas. Y lo hizo después de llevar años perfeccionando el arte de colarse en los partidos de los Steelers junto a sus hermanos.
Así que mientras Terry Bradshaw, Franco Harris, Joe Greene y compañía celebraban el tercer campeonato de Pittsburgh, Rick Steigerwald estaba escribiendo una página dorada en la historia de la Steelers Nation. No consiguió un anillo ni levantó el Lombardi, pero logró colarse hasta las duchas de los campeones y salir por la puerta grande como una leyenda.
Probablemente no haya una definición mejor de lo que significa llevar demasiado lejos eso de “Here We Go, Steelers!”.
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